En lugar de centrarse principalmente en los ingresos, los economistas del siglo XXI deberán encontrar la forma de redistribuir también las fuentes de riqueza, en especial la riqueza que surge del control de la tierra y los recursos del control de la creación de dinero, y de la propiedad de las empresas, la tecnología y el conocimiento. En lugar de dirigirse únicamente al mercado y al estado para encontrar soluciones, deberán aprovechar el poder de los bienes comunes para que esto suceda. Estas son algunas de las preguntas que los economistas del siglo XXI ya abordan para ayudar a crear una economía con diseño distributivo:
Tierra y recursos: ¿cómo se puede distribuir de manera más equitativa el valor natural de la Tierra? ¿Mediante una reforma agraria, impuestos sobre el valor de la tierra, la recuperación de la tierra como un bien común? ¿Y cómo podría la comprensión de que la atmósfera y los océanos de nuestro planeta son bienes comunes mundiales distribuir mejor los beneficios globales para su uso sostenible?
Creación de dinero: ¿por qué otorgarle a los bancos comerciales el derecho de crear dinero a través de los intereses generados por las deudas y permitir que utilicen la renta que estos producen? El dinero podría alternativamente ser creado por el estado o incluso por las comunidades como monedas alternativas: es tiempo de crear un ecosistema monetario que pueda cumplir con este potencial de distribución.
Empresas: ¿qué modelos de negocios, tales como cooperativas y empresas propiedad de los empleados, pueden garantizar mejor que los trabajadores comprometidos, en lugar de los accionistas volátiles, obtengan una participación mucho más grande del valor que ayudan a generar?
Conocimiento: ¿cómo puede liberarse internacionalmente el potencial de los bienes comunes creativos a través de hardware y software de fuentes abiertas gratuitas, y el auge de las licencias de los bienes comunes creativos?
Tecnología: ¿quién será el propietario de los robots, y por qué debería ser así? Considerando que gran parte de la investigación básica de la automatización y la digitalización se ha hecho con fondos públicos, ¿no debería una parte de la recompensa volver al bolsillo del público?
Si nos hiciéramos cargo de estas preguntas sobre diseño distributivo, nos daríamos una oportunidad mucho mayor de abordar la desigualdad, y de prosperar en el espacio seguro y justo del Donut de este siglo. Y este es, nada más ni nada menos, el desafío de nuestra generación.

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