La diferencia que existe entre un partido, movimiento político y grupo significativo de ciudadanos se encuentra en los fines fundantes de los mismos, los cuales son completamente diferentes entre sí.
Los partidos políticos estos buscan acceder al poder, a los cargos de elección popular e influir en las decisiones políticas y democráticas de la Nación. Los movimientos políticos buscan influir en la formación de la voluntad política o participar en las elecciones. Los grupos significativos de ciudadanos recogen una manifestación política coyuntural.
En el caso de las jornadas de 2015, fue eso una manifestación coyuntural de grupos significativos de ciudadanos, que envió un mandato respecto de la depuración politica, es decir como se espera que se maneje el Estado, so pena de sufrir los mismos resultados de los defenestrados. Lo complejo fue que al no existir ninguna vinculación efectiva con determinado partido, este mandato no se ha traducido en propuestas estructuradas que busquen incidir en la conformación de los ejes de poder así como en la nueva estructuración que se espera del Estado para responder a las aspiraciones de la mayoría de la población, frente a su hartazgo sobre la impunidad y corrupción, que les ha impedido gozar de los satisfactores para sus más mínimas necesidades. Esta desvinculación se da por la inexistencia de verdaderos partidos políticos en el medio. Los "clubs privados de apropiación y disfrute de los recursos públicos" realmente dejan mucho que desear, al punto que se procedió a las elecciones por desesperación a un partido de "paracaidistas entrenados para bucear en letrinas", comandados por un cómico sin gracia, custodiado por un batallón de nefandos con claros vicios de barbarie.
Si ese putrefacto recipiente de adulterados y cuatreros de poca monta, los que lograron llegar al poder. Entonces son los movimientos cívicos que deberían de protestar contra sí mismos, por apañar esta decisión irreflexiva. No contar con partidos confiables; la prevalencia de un mercado de plazas para la elección; un posición programática indefinida y la falta de trayectoria, fueron una clara advertencia que no se podrían hacer cambios; pues seguiríamos siendo manipulados a ultranza por los mismos mercachifles de la política.
Otro aspecto a tomar en cuenta es que, en tanto quienes desean cambios no asuman posiciones de poder mediante la conformación de partidos políticos, los cambios no podrán ser a la medida del país que queremos construir la mayoría de guatemaltecos. Si se continúa con la demonización de la participación partidaria, por la calidad de partidos y de políticos que existen, nunca dejaremos de quejarnos. Como decían nuestros antepasados "El que quiere pescado fresco que se moje las piernas" . Sino, "que continúe comiendo lo que tanto rechaza".
La aversión que amplios sectores de la población ha adquirido hacia el quehacer político es un obstaculo casi infranqueable a la reconstrucción de la nación. Hay que estar claros que estamos derruidos, somos un país enfermo de miserables, violentos, ignorantes, malditos que encima tienen una profunda anomia política y una repugnancia a esforzarse, no sólo por los cambios personales que aspira a lograr sino en contribuir a los cambios colectivos que se requieren para vivir mejor. En todos los ámbitos estamos plagados de habitantes acomodaticios, mediocres e irresponsables, que se consideran a si mismos como "chispudos, vivos y super pilas" pero que están dispuestos a pasar encima de otros, para lograr sus espurios propósitos. Padecen de un hedonismo, incubado en una severa inseguridad y bajísima autoestima, que se ha logrado trascender ficticiamente a partir de esconder sus temores, pero viviendo permanente con ellos.
Si las condiciones metaeconomicas presentan un panorama de absoluta adversidad a cualquier cambio, sobre todo por estar apropiada por parte de quienes se resisten a evolucionar
En el caso de las jornadas de 2015, fue eso una manifestación coyuntural de grupos significativos de ciudadanos, que envió un mandato respecto de la depuración politica, es decir como se espera que se maneje el Estado, so pena de sufrir los mismos resultados de los defenestrados. Lo complejo fue que al no existir ninguna vinculación efectiva con determinado partido, este mandato no se ha traducido en propuestas estructuradas que busquen incidir en la conformación de los ejes de poder así como en la nueva estructuración que se espera del Estado para responder a las aspiraciones de la mayoría de la población, frente a su hartazgo sobre la impunidad y corrupción, que les ha impedido gozar de los satisfactores para sus más mínimas necesidades. Esta desvinculación se da por la inexistencia de verdaderos partidos políticos en el medio. Los "clubs privados de apropiación y disfrute de los recursos públicos" realmente dejan mucho que desear, al punto que se procedió a las elecciones por desesperación a un partido de "paracaidistas entrenados para bucear en letrinas", comandados por un cómico sin gracia, custodiado por un batallón de nefandos con claros vicios de barbarie.
Si ese putrefacto recipiente de adulterados y cuatreros de poca monta, los que lograron llegar al poder. Entonces son los movimientos cívicos que deberían de protestar contra sí mismos, por apañar esta decisión irreflexiva. No contar con partidos confiables; la prevalencia de un mercado de plazas para la elección; un posición programática indefinida y la falta de trayectoria, fueron una clara advertencia que no se podrían hacer cambios; pues seguiríamos siendo manipulados a ultranza por los mismos mercachifles de la política.
Otro aspecto a tomar en cuenta es que, en tanto quienes desean cambios no asuman posiciones de poder mediante la conformación de partidos políticos, los cambios no podrán ser a la medida del país que queremos construir la mayoría de guatemaltecos. Si se continúa con la demonización de la participación partidaria, por la calidad de partidos y de políticos que existen, nunca dejaremos de quejarnos. Como decían nuestros antepasados "El que quiere pescado fresco que se moje las piernas" . Sino, "que continúe comiendo lo que tanto rechaza".
La aversión que amplios sectores de la población ha adquirido hacia el quehacer político es un obstaculo casi infranqueable a la reconstrucción de la nación. Hay que estar claros que estamos derruidos, somos un país enfermo de miserables, violentos, ignorantes, malditos que encima tienen una profunda anomia política y una repugnancia a esforzarse, no sólo por los cambios personales que aspira a lograr sino en contribuir a los cambios colectivos que se requieren para vivir mejor. En todos los ámbitos estamos plagados de habitantes acomodaticios, mediocres e irresponsables, que se consideran a si mismos como "chispudos, vivos y super pilas" pero que están dispuestos a pasar encima de otros, para lograr sus espurios propósitos. Padecen de un hedonismo, incubado en una severa inseguridad y bajísima autoestima, que se ha logrado trascender ficticiamente a partir de esconder sus temores, pero viviendo permanente con ellos.
Si las condiciones metaeconomicas presentan un panorama de absoluta adversidad a cualquier cambio, sobre todo por estar apropiada por parte de quienes se resisten a evolucionar
